Rebeca Grynspan suma nueve votos en la ONU, pero enfrenta vetos

Rebeca Grynspan secretaria general ONU: logró nueve apoyos y seis rechazos. Conoce por qué aún necesita superar el posible veto del Consejo.

NUEVA YORK, ESTADOS UNIDOS — Rebeca Grynspan obtuvo nueve apoyos y seis rechazos en la quinta consulta del Consejo de Seguridad de la ONU. Sigue primera, pero debe evitar un veto para llegar al cargo.

La candidatura de la costarricense Rebeca Grynspan a la Secretaría General de las Naciones Unidas atraviesa una etapa decisiva. Aunque continúa encabezando las preferencias del Consejo de Seguridad, la votación informal celebrada el miércoles 7 de octubre de 2026 puso de manifiesto un obstáculo significativo: el aumento de los países que expresan reservas sobre su nombramiento.

La exvicepresidenta de Costa Rica recibió nueve manifestaciones de apoyo y seis de rechazo, sin posiciones neutrales. El resultado le permite conservar el liderazgo entre los siete aspirantes que siguen en competencia, pero revela una disminución de su respaldo frente a la cuarta consulta, cuando había conseguido diez apoyos y tres rechazos.

La diferencia no es menor. En una elección donde se requiere el respaldo de al menos nueve de los quince integrantes del Consejo de Seguridad, Grynspan dispone actualmente del número mínimo necesario para una eventual recomendación formal. Sin embargo, ese dato no significa que haya asegurado el puesto.

El procedimiento incluye una condición decisiva: ninguno de los cinco miembros permanentes del Consejo puede bloquear la candidatura mediante su derecho de veto.

La principal incógnita, por tanto, no consiste únicamente en determinar cuántos países apoyan a la costarricense, sino cuáles están dispuestos a respaldarla cuando llegue el momento de tomar una decisión vinculante.

De diez a nueve apoyos: la señal que complica su candidatura

Los resultados de las consultas informales muestran una competencia en la que el liderazgo numérico todavía no se convierte en consenso diplomático.

En la cuarta ronda, Grynspan obtuvo diez apoyos y tres rechazos, mientras que dos integrantes del Consejo no expresaron una posición definida. En la quinta consulta, los respaldos bajaron a nueve, los rechazos aumentaron a seis y desaparecieron las posiciones neutrales.

Esto significa que perdió un apoyo neto y que tres países adicionales expresaron una valoración negativa respecto de la consulta anterior.

La evolución resulta especialmente importante porque los sondeos no funcionan como una elección definitiva. Son instrumentos utilizados por los representantes diplomáticos para identificar candidaturas viables, detectar resistencias y facilitar negociaciones antes de que el Consejo adopte una recomendación formal.

En estas papeletas, los países pueden indicar si alientan una candidatura, si la desalientan o si prefieren no expresar opinión.

Por esa razón, los seis rechazos registrados contra Grynspan no deben interpretarse automáticamente como seis vetos. Todavía no se ha divulgado si alguno de esos votos procede de una potencia con capacidad de bloquear formalmente su elección.

Los resultados también requieren una lectura cuidadosa: mantener nueve apoyos demuestra que conserva una base relevante de respaldo, mientras que el aumento de los votos desfavorables confirma las dificultades para ampliar esa base.

La siguiente etapa permitirá evaluar si esas resistencias pueden resolverse mediante negociaciones o si representan diferencias difíciles de superar.

Los cinco países cuyo veto puede definir la elección

La Secretaría General de Naciones Unidas no se elige mediante una votación popular ni por mayoría directa de todos los países miembros.

El artículo 97 de la Carta de la ONU establece un procedimiento de dos instancias. Primero, el Consejo de Seguridad recomienda una candidatura. Posteriormente, la Asamblea General realiza el nombramiento.

El Consejo está integrado por quince países: cinco miembros permanentes y diez miembros elegidos por periodos determinados.

Los permanentes son Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido. Cada uno dispone de un derecho especial de veto en las decisiones sustantivas del organismo.

Para recomendar al próximo secretario general se requieren al menos nueve votos afirmativos y que ninguno de esos cinco países emita un voto negativo que bloquee la decisión.

Así, una candidatura podría recibir catorce votos favorables y aun así fracasar si el voto restante corresponde al rechazo de un miembro permanente.

También existe una diferencia entre votar negativamente y abstenerse. Una abstención de un miembro permanente no impide necesariamente aprobar una decisión que reúna los nueve votos afirmativos exigidos.

Este mecanismo explica por qué el respaldo actual de Grynspan, aunque numéricamente suficiente, todavía no garantiza su nombramiento.

Los sondeos realizados hasta ahora tampoco identifican públicamente qué países permanentes respaldan o rechazan a cada aspirante.

La eventual introducción de papeletas diferenciadas por colores podría proporcionar información más precisa sobre esas posiciones, una cuestión especialmente relevante para determinar qué candidaturas tienen posibilidades reales de superar la etapa de selección.

Rafael Grossi y Carolyn Rodrigues-Birkett siguen en competencia

La quinta consulta también dejó información importante sobre las alternativas a Grynspan.

El argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, quedó en segundo lugar con seis apoyos, siete rechazos y dos países sin opinión expresada.

La diplomática guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, representante de Guyana ante Naciones Unidas, obtuvo cinco apoyos, nueve rechazos y una posición neutral.

La comparación muestra que Grynspan mantiene una ventaja de tres apoyos respecto de Grossi y cuatro respecto de Rodrigues-Birkett.

Sin embargo, ninguno de esos resultados debe confundirse con una votación final. Los respaldos pueden cambiar entre consultas y los países pueden revisar sus preferencias a medida que avancen las conversaciones diplomáticas.

Entre los demás aspirantes figura el expresidente senegalés Macky Sall, quien obtuvo cinco apoyos y diez rechazos.

El ugandés Olara Otunnu registró tres respaldos y doce posiciones negativas, mientras que la ecuatoriana María Fernanda Espinosa reunió tres votos favorables, nueve desfavorables y tres posiciones neutrales.

La también ecuatoriana Ivonne Baki recibió catorce rechazos y una posición sin opinión expresada.

En conjunto, el panorama evidencia una dificultad compartida por las candidaturas: ningún aspirante ha conseguido consolidar un apoyo suficientemente amplio que permita anticipar con seguridad la recomendación del Consejo.

La retirada de la expresidenta chilena Michelle Bachelet redujo el número de participantes, pero no eliminó las diferencias entre las delegaciones.

Además, mientras no exista una recomendación formal, permanece abierta la posibilidad de que surjan otras candidaturas.

La elección de la ONU llega a una etapa de negociaciones decisivas

El proceso para seleccionar al próximo secretario general comenzó formalmente en noviembre de 2025 mediante una comunicación conjunta de las presidencias de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad.

Las candidaturas presentadas por los Estados miembros deben acompañarse de documentación sobre la trayectoria de los aspirantes, sus propuestas de gestión y otros elementos previstos en las reglas del procedimiento.

Durante 2026, los candidatos han participado en encuentros y espacios de diálogo para explicar sus prioridades ante las delegaciones.

Las primeras cuatro consultas informales del Consejo de Seguridad se celebraron el 30 de julio, el 21 de agosto y los días 18 y 29 de septiembre. La quinta tuvo lugar el 7 de octubre.

Estas consultas permiten observar cómo evolucionan las preferencias, pero sus resultados no sustituyen la resolución formal de recomendación.

Para el 16 de octubre se contempla una nueva ronda que podría incorporar un sistema de votación diferenciado para reconocer las posiciones de los miembros permanentes.

Esa fecha constituye una referencia importante del calendario diplomático, aunque no equivale necesariamente al día en que será elegido el próximo secretario general.

Si persisten las diferencias, los países podrían celebrar nuevas consultas, intensificar negociaciones o considerar otras opciones.

Una candidatura costarricense con trayectoria internacional

Rebeca Grynspan llega a esta competencia con experiencia en el gobierno costarricense y en organismos multilaterales.

Fue vicepresidenta de Costa Rica entre 1994 y 1998 y ocupó responsabilidades relacionadas con la política económica y social del país.

Posteriormente desarrolló una carrera internacional vinculada al desarrollo, la cooperación y las relaciones económicas entre Estados.

Su trayectoria incluye la dirección de la Secretaría General Iberoamericana y su nombramiento al frente de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, conocida como UNCTAD.

Este último organismo trabaja en asuntos relacionados con el comercio, la inversión, el financiamiento y las oportunidades de desarrollo de las economías, particularmente aquellas que enfrentan mayores dificultades estructurales.

Esa experiencia sitúa a Grynspan entre las figuras con conocimiento directo del funcionamiento de las instituciones multilaterales.

No obstante, la trayectoria profesional no determina por sí sola el resultado de una elección sometida a negociaciones entre países con intereses y prioridades diferentes.

La eventual designación de la costarricense representaría un acontecimiento histórico para Costa Rica, que tendría a una de sus exvicepresidentas al frente de la principal organización internacional del sistema de Naciones Unidas.

También marcaría un precedente mundial.

Desde la creación de la ONU en 1945, ninguna mujer ha ocupado su Secretaría General. Una elección favorable a Grynspan permitiría romper esa continuidad histórica de liderazgos masculinos.

La consideración de candidaturas femeninas y latinoamericanas forma parte del debate diplomático, pero no constituye una garantía jurídica de nombramiento ni sustituye los requisitos establecidos por la Carta de Naciones Unidas.

El relevo de António Guterres y los desafíos del próximo mandato

La elección ocurre mientras Naciones Unidas se prepara para concluir los diez años de gestión de António Guterres.

El diplomático portugués asumió la Secretaría General en enero de 2017 y fue designado posteriormente para un segundo periodo que concluirá el 31 de diciembre de 2026.

La persona que lo suceda deberá dirigir una organización sometida a tensiones internacionales y cuestionamientos sobre su capacidad para responder eficazmente a las principales crisis mundiales.

Entre los asuntos más sensibles destacan los conflictos armados, las dificultades financieras de la organización y las divergencias entre las grandes potencias respecto de las prioridades de la diplomacia multilateral.

La Secretaría General combina responsabilidades administrativas con funciones políticas y diplomáticas. Su titular dirige la Secretaría, participa en iniciativas de mediación y representa a la organización ante la comunidad internacional.

Sin embargo, sus facultades no permiten sustituir las decisiones que corresponden a los Estados miembros ni superar unilateralmente los bloqueos del Consejo de Seguridad.

De ahí que el proceso de nombramiento también funcione como una prueba de la capacidad de cooperación entre los principales actores internacionales.

Una candidatura necesita demostrar preparación para administrar la institución y, simultáneamente, resultar aceptable para países con posiciones frecuentemente contrapuestas.

Qué necesita Grynspan para convertirse en secretaria general

La respuesta combina tres elementos esenciales: conservar suficientes respaldos, evitar el veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes y recibir posteriormente el nombramiento de la Asamblea General.

Actualmente, la costarricense reúne nueve expresiones favorables en un ejercicio consultivo, precisamente el número mínimo requerido para una recomendación formal.

Pero la información disponible no permite establecer si los seis rechazos proceden de países con poder de veto ni asegurar que los nueve apoyos se mantendrán en una decisión definitiva.

La próxima consulta prevista para el 16 de octubre podría despejar parte de esa incertidumbre y revelar con mayor claridad las posibilidades de cada aspirante.

Hasta entonces, Grynspan permanece al frente de la competencia, pero sin una victoria asegurada.

La diferencia entre encabezar una votación informal y alcanzar la Secretaría General sigue dependiendo de una negociación diplomática que aún no ha concluido.

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